Pocos animales pueden decir que carecen de depredadores naturales en su hábitat natural. Pues bien, los manatíes forman parte de ese privilegiado grupo de animales acuáticos que no tienen que preocuparse sobremanera por aquellos animales más grandes, más fuertes o simplemente adaptados para la caza.

Normalmente, estos rechonchos sirenios se mueven de forma bastante lenta en hábitats de aguas bajas, en donde los grandes depredadores marinos como las orcas o los tiburones blancos no pueden acceder fácilmente. No obstante, se sabe que sí pueden ser atacados, si bien los depredadores no significan una gran causa de mortalidad.

Dado que existen 3 especies de manatí que habitan regiones variadas, es debido suponer que pueden ser depredados por animales propios de la zona, aunque existen 3 animales que han incidido en ataques: los cocodrilos, los caimanes y los tiburones. A continuación conoce los principales depredadores de cada especie de triquéquido:

Trichechus manatus. Hasta el momento no se ha documentado ningún caso de ataque hacia un individuo de esta especie, pero es probable que ocurran por parte de tiburones, cocodrilos y aligátores, estos últimos crocodilios del género Alligator. Debido a que su hábitat no suele tener la presencia de estos animales, Trichechus manatus no manifiesta un comportamiento de defensa o de evasión a los depredadores.

Trichechus inunguis. Esta especie tiene un depredador más: los jaguares. Pero además de este felino de las selvas americanas, los caimanes y los tiburones conforman el conjunto de potenciales depredadores.

Trichechus senegalensis. Cocodrilos y tiburones son ocasionales depredadores del manatí africano. Por eso, no tiene la necesidad de navegar en grupos grandes y únicamente ha sido visto con unos pocos individuos más.

Tácticas de escape

Cualquier persona que haya visto nadar a un manatí podría suponer que sería fácilmente cazado por un tiburón o un cocodrilo, ya que sus movimientos son increíblemente lentos. Pero sorpresa, en condiciones de peligro pueden tener rachas de alta velocidad.  Por ejemplo, los manatíes africanos suelen moverse a 4.8-8 kilómetros por hora, pero si se topan con un depredador son capaces de  nadar hasta 32 kilómetros por hora. Apuesto a que no creías que podrían nadar así de rápido.

Pero los manatíes son relativamente débiles, sus aletas pectorales tienen poca fuerza y sus dientes difícilmente podrían propinar una mordida que hiera y aleje a los atacantes. Por ello, ante una amenaza no tienen numerosas posibilidades para defenderse, por lo que tienen que recurrir a la huida o a permanecer siempre en aguas de muy baja profundidad. Si un depredador se arriesga a atentar contra un manatí en aguas bajas puede no sostenerlo adecuadamente para ahogarlo o matarlo, por lo que el éxito no está asegurado.

Desde hacía mucho tiempo se desconocía la razón de la migración del manatí del Amazonas. Trichechus inunguis solía moverse hacia aguas profundas durante la temporada de estiaje, entre octubre y noviembre. Investigadores de Brasil y Reino Unido descubrieron que la especie efectúa el viaje para evitar a sus depredadores, ya que cuando el nivel del agua disminuye queda expuesto y fácilmente distinguible a los animales que podrían alimentarse de él, como los caimanes, los jaguares e incluso los seres humanos.

Principal depredador

Como quizá puedes suponer, el ser humano es el principal depredador de los manatíes. La especie humana tiene la capacidad de inmiscuirse en casi cualquier hábitat y de satisfacer sus necesidades a partir de los animales.

Hace mucho tiempo los humanos cazaban a los manatíes con frecuencia para obtener su carne, su grasa y su piel. Esta práctica ha disminuido, pero tanto Trichechus manatus como Trichechus inunguis y Trichechus senegalensis están catalogadas como especies vulnerables en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. ¿La razón? Varias actividades humanas que afectan su hábitat y por consiguiente, su vida.

Irónico es saber que unos animales que naturalmente carecen de depredadores, que no suelen desarrollar un comportamiento defensivo y que viven en zonas de baja profundidad, pueden estar próximos a entrar en la categoría “En Peligro de Extinción”.  Por supuesto, la situación implica una serie de medidas en pro del medio ambiente y la fauna.